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Historia Antigua

Los primeros vestigios humanos

Algunos indicios apuntan a que restos líticos de cuarcita, recogidos en el cerro que corona la Fuente del Río, podrían estar relacionados con el llamado Paleolítico Inferior. Asimismo, algunos testimonios señalan indicios de presencia humana durante este periodo en las terrazas fluviales excavadas por el río Cabra aguas abajo de su curso.
Hacia el año 100.000 fechan los prehistoriadores el paso del Paleolítico Inferior al Paleolítico Medio.
En el término municipal de Cabra han aparecido testimonios de este periodo en la Cueva de la Mina de Jarcas,lo que constituye el primer indicio de población en las cavidades de las Sierras Subbéticas cordobesas por el hombre de Neanderthal.
En Cabra han aparecido materiales que se pueden fechar en el periodo Epipaleolítico, en los Llanos de Jarcas, un lugar que sirvió de taller al aire libre para la fabricación de útiles en diversas etapas prehistóricas. Igualmente se ha recuperado alguna pieza de esta época procedente de la Cueva de La Mina. En el Museo Arqueológico Municipal de Cabra existen importantes muestras de este periodo del pasado egabrense, entre los que destacan los buriles, los raspadores y las hojitas de dorso apuntadas.
Aquellas gentes vivieron en la etapa final de la última de las glaciaciones, lo que produjo, entre otras cosas, un cambio sustancial en las especies animales y vegetales existentes en la zona.

Los asentamientos prehistóricos

Esta nueva etapa nos ha dejado en tierras egabrenses un mayor número de datos sobre los asentamientos, que todos los periodos anteriores. Conocemos una cueva que fue lugar de asentamiento estable, un pequeño taller de elaboración de instrumental de piedra, y una cueva de enterramiento.
El primero de esos tres lugares es la Cueva de la Mina. Se trata del, hasta ahora, único yacimiento prehistórico excavado científicamente en Cabra. El resultado de esa excavación nos ha revelado la existencia de una comunidad dedicada principalmente a la ganadería, aprovechando los pastizales de las zonas altas de la sierra. Su actividad económica se completaba con la caza de algunos animales, como conejos o jabalíes, y con la recolección de plantas comestibles.
Es posible que cultivasen cereales en los fértiles terrenos de los llanos de Jarcas. El segundo de los lugares aludidos son los llanos que anteceden a la cueva. Allí realizaron estas gentes sus labores cotidianas, entre ellas, la talla de sílex, habiendo quedado como testigos de su actividad tanto núcleos de piedra como restos de talla. Por último, de su mundo funerario nos hablan los testimonios localizados en la cueva del Puchero, cerca del Picacho, donde se asienta la ermita de la Virgen de la Sierra y que fue utilizada como lugar de enterramiento, según ponen de manifiesto los restos óseos humanos, junto a los que se depositó, como ajuar funerario, una vasija de cerámica sin decoración. Este dato nos revela que creían en otra vida después de la muerte. Se conoce como Calcolítico al periodo en que se consolidaron los grandes avances económicos y tecnológicos del Neolítico y al comienzo de la actividad en torno a los metales.
El hábitat de la época se transformó respecto al Neolítico, abandonando las cuevas y apareciendo poblados al aire libre. El lugar de su emplazamiento fue el cerro que corona la Fuente del Río, donde a la proximidad del agua se añadía una posición estratégica desde la cual se podía controlar una extensa zona. La cerámica encontrada nos permite señalar que fue un lugar de ocupación muy temprana y que sus habitantes desarrollaron una intensa actividad agrícola, como atestiguan los numerosos dientes líticos de hoz allí encontrados. También nos han quedado muestras de la existencia de una actividad metalúrgica a través de algunas puntas de flecha en cobre. De esta época es un importante hallazgo arqueológico que nos permite conocer los rituales funerarios de estas gentes: el de la Veleña. Se trata de restos óseos pertenecientes a una veintena de individuos y junto a ellos, un importante ajuar funerario.
El I milenio antes de Cristo es la etapa conocida como el Bronce final y a lo largo de ella comienzan a llegar por estas tierras las influencias de pueblos procedentes del Mediterráneo oriental. En este momento se produjo el asentamiento en el lugar donde se ubicará Cabra. En una fecha imprecisa, podemos situar entre los siglos VII y VI antes de Cristo, fue abandonado el viejo poblado calcolítico de la Fuente y surge un nuevo asentamiento en la zona de la Villa Vieja de Cabra, sobre un promontorio desde el que se controla un vado del río Cabra y en la proximidad de varios manantiales.

La Licabrum Ibera

Cabra vivió en la época romana uno de los momentos más esplendorosos de su historia, según atestiguan los numerosos restos epigráficos de la antigua Igabrum.
El origen de la ciudad romana se encuentra en el emplazamiento que entre los siglos VII y VI antes de Cristo se produjo en la Villa Vieja, donde se asentó el enclave turdetano con que se encontraron los romanos. Allí, la población indígena debió de alcanzar un cierto grado de importancia a tenor del elevado número de construcciones defensivas cuyos vestigios han aparecido en promontorios que rodean al que fuera núcleo principal de la población.
Tito Livio afirma que en el año 192 antes de Cristo, Licabrum, identificada hasta ahora como Igabrum, era un oppidum opulento y bien fortificado. El historiador romano, al definir la ciudad como un oppidum, nos indica que se trataba de un núcleo urbano de cierta importancia en el que destacaba su carácter de plaza fuerte, con viejas formas de organización política, como era la monarquía. Señalaba la existencia de un rey de nombre Corribilo.
Vespasiano, modificó el régimen jurídico de las ciudades de Hispania concediéndoles el estatuto de latinidad. Este decreto debió de producirse entre el año 73 y 74 después de Cristo, de tal forma que en el 75 los egabrenses disfrutaban ya de las ventajas que conllevaba su puesta en práctica. Muchos vecinos, en virtud de méritos personales, podían alcanzar la ciudadanía romana. Para estas fechas las formas de vida romanas estarían ya extendidas entre la mayor parte de la población egabrense, por lo menos entre los sectores de mayor nivel económico. Así parecen confirmarlo las inscripciones romanas de esta época encontradas en Cabra.
En nuestro municipio debió de existir un foro donde se conservaba su propia ley grabada en tablas de bronce, ya que todos los documentos de interés público se solían exponer en algún lugar visible de la ciudad para general conocimiento. La autoridad estaba ejercida por un dunviro, a cuyas órdenes se encontraban otros magistrados. El municipio egabrense vivió una etapa de notable prosperidad y actividad, con un punto álgido situado, según los testimonios epigráficos, entre finales del siglo I y mediados del II después de Cristo.

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