Ayuntamiento de Cabra

Centro de Andalucía

Siglo XIX. De la guerra de la Independencia al desastre del 98

Las transformaciones demográficas y urbanas

Según Pascual Madoz, Cabra tenía en 1846 "1.346 casas, por lo general bien construidas, sólidas y elegantes, que se distribuyen en 57 calles anchas y rectas con muy pocas excepciones, y bastante limpias: una plaza espaciosa de figura irregular, llamada de la Constitución, y 4 plazuelas de poca consideración".

La población egabrense de comienzos de la centuria debía situarse entre los nueve y diez mil habitantes. En l.841, la población de Cabra alcanzaba unos 13.000 habitantes. Así, el censo de 1.860 arroja un total de 13.160 habitantes.

Durante esta centuria hubo importantes transformaciones en el casco urbano de la población. Por su importancia vamos a centrar nuestra atención en tres de ellas: la creación de un Paseo Público en 1848; el traslado de las Casas Consistoriales en 1865;y la construcción de la estación de ferrocarril y la carretera que uniese la población con dicha estación en 1895.

La creación de un paseo público fue una iniciativa del alcalde José Alcántara-Romero, quien planteó "llevar a efecto la permuta de una huerta propia del caudal común de esta misma villa situada en la Fuente de las Piedras... por otra que posee el establecimiento de Beneficencia al partido del camino de Priego..., con el objeto de construir un paseo público". Esta huerta tenía una cabida de treinta y tres celemines y medio y se valoró en 41.205 reales, mientras que la del Ayuntamiento, era de cincuenta celemines y se valoró en 37.500 reales, por lo que se le añadió una suerte de olivar de dos aranzadas y media, cuyo valor se tasó en 3.520 reales. De esta forma se iniciaba la andadura del que con el paso del tiempo sería "el Paseo" o parque Alcántara-Romero, ya que en 1897 el Ayuntamiento acordaba ponerle su nombre. Desde su creación fue convirtiéndose en el más importante lugar de recreo para los egabrenses. Con el paso de los años se sustituyeron los frutales por árboles ornamentales y de sombra. Antes de que finalizase el siglo estaba construido el salón y ya se solicitaba el establecimiento de variados servicios.

Otra obra fue el traslado en l.865 de las Casas Consistoriales desde su emplazamiento original del siglo XVI al lugar que había ocupado hasta la desamortización de Mendizábal, el convento de monjas dominicas de San Martín. El costo de las obras se evaluó en l5.000 reales

La tercera gran obra fue la de la estación de ferrocarril y de la carretera que uniría a la población con dicha estación. Desde 1.880 se realizaban las primeras gestiones, el Ayuntamiento tomó diferentes acuerdos para que se estableciese una estación en Cabra, así como para la construcción de una carretera que uniese a la población con la misma. Las dos obras acabaron por convertirse en realidad antes de concluir el siglo.

Cabra y la guerra de la Independencia

El siglo XIX en Cabra se abrió con la guerra de la Independencia. Conocido el levantamiento madrileño del 2 de mayo, en Cabra se recibieron instrucciones, antes de que acabase aquel mes, para combatir a los franceses. A Cabra fueron enviados un centenar de prisioneros franceses de los apresados en aquella batalla. Su presencia en la población creó no pocos problemas a las autoridades para contener al pueblo.

A comienzos de 1810, el nuevo curso de la guerra hizo que los franceses entrasen en Cabra como tropas de ocupación, lo que provocó el éxodo de numerosos habitantes. La presencia de las tropas napoleónicas estuvo presidida por las exacciones y la mala relación con el vecindario. La presencia francesa se mantuvo en Cabra hasta el verano de 1.812.

El reinado de Fernando VII: liberales y absolutistas.

En Cabra, como en tantos lugares, el retomo del absolutismo supuso depuraciones de los llamados afrancesados. Durante el Trienio Constitucional (1.820-1.823), Cabra vivió con temor la sublevación de una brigada de carabineros, asentada en Castro del Río.

Fueron muchos los egabrenses sometidos a represión, entre ellos, los profesores del Real Colegio de la Purísima Concepción, que por esta causa permaneció cerrado durante cinco años. Parece ser que en Cabra los liberales o constitucionales fueron una minoría, frente a la masa del pueblo, que se inclinaba por posiciones más absolutistas.

La época isabelina. Martín Belda

Bajo el reinado de Isabel II, que había sucedido a su padre en el trono, Cabra vivió la aventura del general carlista Gómez, quien se enseñoreó de la población en dos ocasiones durante 1.836.

Durante estos años descolla la figura de Martín Belda, quien en numerosas ocasiones fue diputado a Cortes por el distrito de su Cabra natal y desde los importantes cargos de representación política que alcanzó, tomo iniciativas en beneficio de esta población, que alcanzaba el título de ciudad por una Real Orden de Isabel II de 16 de marzo de 1.849, a la que no fue ajeno.

Bajo el reinado de Isabel II se acometieron importantes obras urbanas, algunas calles fueron pavimentadas en sustitución de los viejos empiedros. Se mejoraron las conducciones de agua desde los manantiales de la Fuente del Río, cuyo camino desde la población contó con una serie de bancos, colocados a ambos lados del mismo, desde la puerta de Priego hasta la Cruz del Atajadero. También se construyó la Plaza de Toros, en 1.856, mediante la constitución de una sociedad por acciones cuyo valor era entonces de quinientas pesetas cada una.

En Cabra tuvo importantes consecuencias la desamortización de los bienes eclesiásticos decretada por Mendizábal en 1835. Se suprimieron los conventos de mínimos de San Francisco, de San Juan de Dios y de dominicos, cuyas llaves fueron entregadas al vicario de las iglesias de Cabra. Al año siguiente, en l.836, tuvo lugar la exclaustración de las dominicas del convento de San Martín, cuyo volúmen de bienes había hecho de este convento uno de los mayores propietarios de la localidad.

Cabra durante la Restauración

Con la llegada de la Restauración, a partir de 1874 las denuncias entre los partidos fueron continuas, obligando a la intervención frecuente de las autoridades provinciales. Entre 1881 y 1898 se sucediesen trece alcaldes. Entre ellos destaca José Redondo Marqués, quien ejerció el cargo cerca de cuatro años, dejando huella de su buen hacer como gobernante y administrador.

Durante su mandato se construyó un nuevo mercado de abastos, se tendió una nueva conducción de agua desde la Fuente del Río, dotada en todas las calles con bocas de riego, se proyectó la construcción de la carretera hasta la estación de ferrocarril y se diseñó un nuevo cementerio alejado de la población.

La economía y la sociedad

Las relaciones comerciales de Cabra se realizaban fundamentalmente con Córdoba y Málaga, hacia donde se dirigían sus aceites, vinos y aguardientes. La importante producción de hortalizas de su vega de huertas tenía como mercado principal, además del abastecimiento a la localidad, el de Lucena, adonde hortelanos y cargueros acudían a diario con sus productos. En 1876, se inauguró un asilo a cargo de las Hermanitas de los pobres desamparados. Sus primeras instalaciones estuvieron en la calle Terzuela y con posterioridad se trasladaron a la Plaza Vieja.

Existía una importante masa de jornaleros, cuyo trabajo en las faenas agrícolas era su principal y casi exclusiva fuente de ingresos. La estacionalidad de esas tareas imponía largos periodos de paro con las consiguientes secuelas de hambre y miseria. Surgían las llamadas, crisis obreras a las que con dificutad las autoridades locales lograban hacer frente. El procedimiento habitual era el reparto forzoso de jornalera entre los hacendados, cuyo número iba en proporción a la extensión de sus propiedades.

El final de siglo

El final se siglo XIX se cerraba en Cabra con un acontecimiento que sacudió la conciencia del vecindario, al igual que ocurriera en el conjunto de España: la derrota sufrida a manos de Estados Unidos de Norteamérica. En Cabra, por ejemplo, a los sones de la marcha de Cádiz, los niños habían postulado por las calles para socorrer a nuestros soldados.

Se vivieron jornadas de fervor patriótico. Cercano ya el fin de la guerra el Ayuntamiento de Cabra contribuyó con quinientas pesetas a la suscripción que, con carácter nacional, se abrió para obtener fondos con los que socorrer a las tropas que luchaban en Cuba. La llegada a Cabra de los supervivientes del conflicto, en unas condiciones lamentables, causaron hondo pesar entre el vecindario.

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